Dióxido de carbono
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Descripción
El dióxido de carbono (CO₂) es un gas incoloro, inodoro y no inflamable que se encuentra de forma natural en la atmósfera y es producido por la respiración de los seres vivos y la combustión. Como aditivo alimentario, se designa con el número E290 y se utiliza principalmente como gasificante en bebidas carbonatadas, aunque también tiene funciones como conservante (al desplazar el oxígeno) y como gas de envasado para proteger alimentos perecederos.
Industrialmente, el CO₂ se obtiene como subproducto de la producción de amoníaco o de la fermentación alcohólica, o bien se captura de fuentes naturales. Se purifica mediante procesos de absorción, destilación y filtración para cumplir con los estándares de pureza alimentaria. Sus propiedades fisicoquímicas incluyen una densidad de 1,98 g/L a 0 °C y 1 atm, solubilidad en agua de 1,45 g/L a 25 °C y 1 atm, y un punto de sublimación de -78,5 °C. En disolución acuosa forma ácido carbónico, lo que contribuye al sabor ácido característico de las bebidas carbonatadas. La función principal del E290 es proporcionar efervescencia y sensación refrescante, además de inhibir el crecimiento microbiano en algunos productos. Históricamente, el uso de CO₂ en bebidas se remonta al siglo XVIII, cuando Joseph Priestley descubrió el proceso de carbonatación.
En la Unión Europea, el E290 está autorizado como aditivo alimentario desde los primeros listados de la Directiva 95/2/CE, y su uso está regulado por el Reglamento (CE) nº 1333/2008. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) ha evaluado el dióxido de carbono en varias ocasiones, concluyendo que no supone un riesgo para la salud en las cantidades utilizadas en los alimentos. La Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Comité Mixto FAO/OMS de Expertos en Aditivos Alimentarios (JECFA) no han establecido una Ingesta Diaria Admisible (IDA) específica, ya que el CO₂ se considera un componente normal del metabolismo humano y su ingesta a través de los alimentos es baja en comparación con la producción endógena.
La valoración global de seguridad es muy favorable: el E290 es reconocido como seguro (GRAS) por la FDA estadounidense y no se han documentado efectos adversos significativos en humanos a los niveles de uso autorizados. En el etiquetado, debe aparecer como "dióxido de carbono" o "E290" en la lista de ingredientes, especialmente en bebidas carbonatadas y productos envasados en atmósfera modificada.
El E290 se utiliza principalmente como gasificante en bebidas carbonatadas: refrescos, aguas con gas, cervezas, sidras y vinos espumosos. También se emplea como gas de envasado en atmósfera modificada para prolongar la vida útil de carnes, pescados, lácteos, frutas y verduras, y como conservante en algunos productos al desplazar el oxígeno.
En el mercado español, ejemplos comunes incluyen marcas de refrescos como Coca-Cola, Fanta, Aquarius, así como aguas minerales con gas como Vichy Catalán o Bezoya. Los límites autorizados por el Reglamento CE 1333/2008 son "quantum satis" (cantidad suficiente) para la mayoría de las aplicaciones, es decir, no se fija un límite máximo específico, sino que se usa según las buenas prácticas de fabricación.
En la categoría de bebidas no alcohólicas, el CO₂ puede añadirse sin restricción cuantitativa. En comparación con la FDA, que también lo considera GRAS sin límites específicos, y con Japón, donde está permitido como aditivo en la lista de sustancias existentes, el uso es similar. No obstante, en algunos países como Japón, el CO₂ para uso alimentario debe cumplir con estándares de pureza específicos.
El dióxido de carbono es un componente natural del organismo y se produce constantemente en el metabolismo celular. Los efectos adversos documentados son mínimos y generalmente asociados a un consumo excesivo de bebidas carbonatadas, como la sensación de hinchazón, eructos o flatulencias debido a la liberación de gas en el tracto gastrointestinal.
No hay evidencia de toxicidad sistémica a los niveles de ingesta alimentaria. Estudios en animales no han mostrado efectos carcinogénicos ni teratogénicos. Poblaciones sensibles, como personas con trastornos gastrointestinales (reflujo, síndrome del intestino irritable), pueden experimentar molestias con bebidas muy carbonatadas, pero no se considera un riesgo grave.
No se conocen interacciones con medicamentos. La EFSA y la OMS concluyen que el CO₂ es seguro en las cantidades utilizadas en alimentos, y no se ha establecido una IDA porque la ingesta dietética es insignificante comparada con la producción endógena (aproximadamente 1 kg/día de CO₂ producido por el metabolismo). En inhalación, altas concentraciones pueden causar asfixia, pero esto no es relevante para el consumo alimentario. En resumen, el E290 no presenta efectos secundarios significativos documentados en humanos a niveles de uso normales.
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